

Como en un intento a la desesperada de salvar su “nombre” de todas las listas negras de Hollywood (por sus conflictos en los sets de rodaje, su pasado tontuno con las drogas y su sexualidad tan poco definida), Lindsay Lohan ha optado por el Photoshop y la portada de la revista Harper’s Bazaar de diciembre.
Coincido con Audrey, de Poprosa, en que la chica está mucho mejor de lo que últimamente la hemos visto (esa sexualidad indefinida está destrozando el poco estilo que tenía), pero jamás me atrevería a decir que está espléndida. Menos destrozada, como mucho.
Mi opinión personal es que el reportaje, que trata de ser cálido y acercar al “personaje” hacia el lector, es muy frío, y pone una barrera entre la “perfectamente maquillada y vestida LiLo” y el espectador, quien debería sentirse apenado por la difícil trayectoria de una “niña actriz“. Ya no cuela, la hemos visto haciendo demasiadas cosas como para que un simple reportaje la devuelva a su trono. Que se lo gane de nuevo.

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